La política de los bolsillos

Cuando subió al escenario de la Convención Nacional Demócrata para aceptar la nominación de su partido a presidenta, Hillary Clinton llevaba un traje aparentemente simple. Su impecable confección anunciaba la autoridad de Clinton; su blancura nívea la conectaba con el movimiento sufragista; y, sin la firma de ningún diseñador, el traje parecía trascender la propia moda; al presentarse sin nombre, pertenecía a todas las mujeres. Todos estos aspectos hacían del conjunto blanco de Hillary una prenda significativa, pero esta prenda hizo más que proyectar una imagen poderosa de Clinton. Una omisión en la misma renovó una larga y polémica historia: el traje no tenía bolsillos.

Se ha escrito mucho sobre cómo influye el sexismo en si una prenda tiene bolsillos prácticos. A pesar de que la clase juega sin duda un papel importante, la ropa de los hombres tiende a tener bolsillos amplios y visibles, mientras que la ropa de las mujeres tiende a tener bolsillos pequeños, si es que los hay. Satisfechos con sus bolsillos, los hombres tienen poco que decir sobre ellos, pero las mujeres se han quejado de la insuficiencia de los mismos durante más de un siglo. “Hay una superioridad en la vestimenta de hombre … su adaptación a los bolsillos”, escribió Charlotte P. Gilman para el New York Times en 1905. Y continúa: “De vez en cuando las mujeres llevan bolsas, cosidas a veces, atadas, blandiéndolas en su mano otras; pero una bolsa no es un bolsillo.

Rara vez se han escrito palabras más acertadas. Una bolsa no es un bolsillo, y los bolsillos, más que los pantalones, más que las corbatas, más que los calzoncillos, incluso más que los trajes, son la gran división de género de la ropa. Los bolsillos son políticos, pero probablemente no de la manera que uno esperaría.

Hace mucho, mucho tiempo, todos llevaban bolsas. En la era medieval, tanto hombres como mujeres ataban sus bolsas a la cintura o las usaban suspendidas de sus cinturones; estas bolsas se parecían mucho a las mochilas Renfaire. A medida que el mundo rural se hacía más urbano y los criminales más sofisticados, las personas escondían astutamente sus bolsillos externos debajo de capas de ropa para ponérselo difícil a los carteristas; las chaquetas para hombres y las enaguas para mujeres fueron equipadas con pequeñas aberturas que les permitían acceder a través de su ropa a sus bolsillos atados.”

https://www.vox.com/2016/9/19/12865560/politics-of-pockets-suffragettes-women

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